Victor SERGE:
saber sobre la represión |
Todavía hoy, están lejos de haber sido identificados todos los agentes provocadores de la Ojrana cuyos expedientes poseemos.
No pasa mes sin que los tribunales revolucionarios de la Unión Soviética juzguen a algunos de estos hombres. Se los encuentra, se los identifica por azar. En 1924, un miserable se nos apareció, regresando hasta nosotros desde un pasado de cincuenta años, como en un acceso de náusea, y era un perfecto espectro. Este espectro evocaba una página de historia, y la intercalamos aquí sólo para proyectar en estas páginas de cieno un poco de la luz del heroísmo revolucionario.
Este agente provocador había rendido 37 años de buenos servicios (de 1880 a 1917) y, ya anciano encanecido. burló durante siete años las pesquisas de la Cheka.
Hacia 1879, el estudiante de 20 años Okladsky, revolucionario desde los 15, miembro del partido de la Narodnaia Volia [La Voluntad del Pueblo], terrorista, preparó con Jeliabov un atentado contra el zar Alejandro II. El tren imperial debía saltar. Pasó sobre las minas sin estorbo. El aparato infernal no funcionó .¿Accidente fortuito? Así se pensó. Sin embargo, 16 revolucionarios, entre ellos Okladsky, debieron responder por el "crimen". Okladsky fue condenado a muerte. ¿Comenzaba su brillante carrera? ¿Había comenzado ya? La clemencia del emperador le concede la vida, a cambio de prisión perpetua.
Ahí comienza, en todo caso, la serie de inapreciables servicios que Okladsky habría de rendir a la policía del zar. En la larga lista de revolucionarios que entregará, hay cuatro de los nombres más hermosos de nuestra historia: Baránnikov, Jeliabov, Trigoni, Vera Figner. De esos cuatro, la única que sobrevive es Vera Nicoláievna Figner. Pasó veinte años en la fortaleza de Schlusselburg. Baránnikov murió. Trigoni, luego de haber sufrido veinte años en Schlusselburg y pasado cuatro de exilio en Shajalin, vio antes de morir, en 1917, el derrumbe de la autocracia. Jeliabov murió en el patíbulo.
Estos valientes pertenecían a la Narodnaia Volia, primer partido revolucionario ruso que, antes del nacimiento del movimiento proletario, le había declarado la guerra a la autocracia. Su programa proponía una revolución liberal, cuyo cumplimiento habría significado para Rusia un progreso inmenso. En una época en que ninguna otra acción era posible, se sirvió del terrorismo, golpeando sin cesar al zarismo enloquecido por momentos, y decapitado el 1º de marzo de 1881. En la lucha de este puñado de héroes contra toda la vieja sociedad poderosamente armada se crearon las costumbres, las tradiciones, las mentalidades que, perpetuadas por el proletariado, habrían de templar numerosas generaciones para la victoria de octubre de 1917. De todos estos héroes, Alexandr Jeliabov fue quizá el más grande, y rindió sin duda los más grandes servicios al partido que había contribuido a fundar. Denunciado por Okladsky, se le detiene el 27 de febrero de 1881, en un departamento de la perspectiva Nevsky, en compañía de un joven abogado de Odesa, Trigoni, miembro también del misterioso Comité Ejecutivo de la Narodnaia Volia. Dos días más tarde, las bombas del partido despedazaban a Alejandro II en una calle de San Petersburgo. Al día siguiente, las autoridades judiciales recibían de Jeliabov una carta asombrosa, desde la prisión de Pedro y Pablo. Rara vez jueces y monarca recibirían bofetada semejante. Rara vez jefe alguno de partido sabría cumplir con tal firmeza su último deber. La carta decía:
Si el nuevo soberano, recibiendo el cetro de manos de la revolución, proyecta tener consideración por los regicidas al antiguo modo; si proyecta ejecutar a Rissakov, seria una irritante injusticia concederme la vida a mí, que tantas veces he atentado contra la vida de Alejandro II y a quien sólo un azar fortuito impidió participar en su ejecución. Me siento muy inquieto pensando que el gobierno podría concederle mayor precio a la justicia formal que a la justicia real y adornar la corona del nuevo monarca con el cadáver de un joven héroe, solamente a causa de falta de pruebas formales contra mí, que soy un veterano de la revolución.
Con todas las fuerzas de mi alma protesto contra esta iniquidad.
Sólo la cobardía del gobierno podría explicar que no se levantaran dos horcas en vez de una.
El nuevo zar Alejandro III hizo alzar seis horcas para los regicidas. En el último momento, una joven, Jesy Helfman, que se hallaba encinta, fue perdonada. Jeliabov murió junto a su compañera Sofía Peróvskaya, junto a Rissakov (que había defeccionado inútilmente), junto a Mijailov y junto al químico Kibalchich. Mijailov sufrió tres veces el suplicio. Dos veces, la cuerda del verdugo se rompió. Dos veces cayó Mijailov, envuelto en su sudario y encapuchado, para levantarse por sí mismo.
El provocador Okladsky, mientras tanto, continuaba sus servicios. ¡Entre la generosa juventud que incansablemente "iba al pueblo", a la pobreza, la prisión, el exilio, la muerte para abrir el camino de la revolución, era fácil propinar golpes ocultos! Apenas llegado a Kiev, Okladsky entrega a Vera Nikoláievna Figner al policía Sudeikin. Luego sirve en Tbilisi como un profesional de la traición, experto en el arte de relacionarse con los mejores hombres, de conquistar simpatías, de fingir entusiasmo, para hacer luego, un buen día, una señal, enterrar vivos a sus camaradas... y recibir las esperadas gratificaciones.
En 1889, la Seguridad imperial lo llama a San Petersburgo. El ministro Durnovo, purificando a Okladsky de todo pasado indigno, lo convierte en el "honorable ciudadano" Petrovsky, siempre revolucionario, claro está, y confidente de revolucionarios. Habría de continuar "en actividad" hasta la revolución de marzo de 1917. Hasta 1924 logró hacerse pasar por un pacífico habitante de Petrogrado. Más tarde, encerrado en Leningrado, en la misma prisión donde muchas de sus víctimas esperaron la muerte, aceptó escribir la confesión de su vida hasta el año 1890.
Más allá de esta fecha, el viejo agente provocador no quiso decir palabra. No consintió en hablar de un pasado del cual casi nadie de entre los revolucionarios sobrevivía, pero que él pobló de muertos y mártires.
El tribunal revolucionario de Leningrado juzga a Okladsky en la primera quincena de enero de 1925. La revolución no se venga. Este espectro pertenecía a un pasado demasiado remoto y demasiado muerto. El proceso, dirigido por veteranos de la revolución, parecía un debate científico de historia y de psicología. Era el estudio del más lastimoso de los documentos humanos. Okladsky fue condenado a diez años de prisión.
Detengámonos todavía brevemente en un caso de provocación de los que la historia del movimiento revolucionario conociera tantos: la provocación de un jefe de partido. He aquí la enigmática figura de Malinovsky.(1)
Una mañana de 1918 el terrible año que siguió a la Revolución de Octubre: guerra civil, requisiciones rurales, sabotajes técnicos, complots, sublevación de los checos, intervenciones extranjeras, paz asquerosa (según la definición de Lenin) de Brest-Litovsk, dos tentativas de asesinato contra Vladímir Ilich. Una mañana de aquel año, un hombre se presentó tranquilamente al comandante del Smolny (Soviet de Petrogrado) y le dijo:
-Soy el provocador Malinovsky. Le ruego arrestarme.
El humor tiene lugar en toda tragedia. Impávido, el comandante del Smolny hizo poner en la puerta a aquel inoportuno.
-¡A mí nadie me manda, ni es mi trabajo arrestarlo!
-Entonces hágame conducir al comité del partido.
Y en el comité se reconocerá con asombro al hombre más execrable, al más despreciable del partido. Se le arresta.
Su carrera, en dos palabras, es ésta:
Anverso: un adolescente difícil, tres condenas por robo. Muy dotado, muy activo, militante de diversas organizaciones, tan apreciado que en 1910 se le ofrece ingresar al Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, y durante la conferencia bolchevique de Praga (1912) ingresa al CC efectivamente. A fines del mismo año es diputado bolchevique en la IV Duma del Imperio. En 1913 es presidente del grupo parlamentario bolchevique.
Reverso: chivato de la Ojrana (Ernesto, luego el Sastre) desde 1907. A partir de 1910, honorarios de 100 rublos mensuales (principesco). El ex jefe de la policía Beletsky, dice: "Malinovsky era el orgullo de la Seguridad, que lo preparaba para ser ano de los jefes del partido." Hizo arrestar a grupos de bolcheviques en Moscú, Tula, etc. Entrega a la policía a Miliutin, Noguin, Maria Smidóvich, Stalin, Sverdlov. Denuncia a la Ojrana los archivos secretos del partido. Es elegido en la Duma con la ayuda tan discreta como eficaz de la policía...
Desenmascarado, recibe del Ministerio del Interior una fuerte recompensa y desaparece. Sobreviene la guerra. Hecho prisionero en combate, recomienza su militancia en el campo de concentración. Retorna finalmente a Rusia, para declarar al tribunal revolucionario: "¡ Hacedme fusilar! " Revela haber sufrido enormemente con su existencia dual; no haber comprendido verdaderamente la revolución sino tardíamente; haberse dejado ganar por la ambición y el espíritu de aventura. Krylenko refuta despiadadamente que esta argumentación fuese sincera: "¡El aventurero juega su última carta!"
Una revolución no puede detenerse en descifrar enigmas psicológicos. No puede correr el riesgo de ser estafada una vez más por un jugador turbulento y apasionado. El tribunal revolucionario emitió el veredicto reclamado a la vez por el acusador y el acusado. La misma noche, pocas horas más tarde, Malinovsky, cuando atravesaba un solitario patio del Kremlin, recibió subrepticiamente una bala en la nuca.
Aquí se nos presenta el problema de la psicología del provocador. Psicología morbosa, segura- mente, pero que no debe sorprendernos más de lo debido. Hemos visto, en el Instructivo de la Ojrana, a qué personas "trabaja" la policía y por qué medios. Una Serova, considerada débil de carácter, vive difícilmente, milita con valor. Se la arresta. Bruscamente arrancada de su medio, se siente perdida. Los trabajos forzados la esperan, quizás la horca. Bien podría decir una palabra, una sola palabra, sobre alguien que, precisamente, le ha hecho daño... Vacila. Le basta un instante de cobardía; o quizás hay demasiada cobardía en el fondo del ser humano. Lo más terrible es que, en adelante, no podrá resistirse más. Ahora la tienen en sus manos. Si se niega a continuar, se le arrojará a la cara, en pleno tribunal, su primera delación. A la vuelta del tiempo se acostumbrará a las ventajas materiales de esta odiosa situación, tanto más cuanto que en el secreto de su actividad se sentirá perfectamente segura...
Pero no hay sólo estos agentes secretos por cobardía: hay, y son mucho más peligrosos, los diletantes, aventureros que no creen en nada, hastiados del ideal que servían hasta hacia poco, prendados del peligro, de la intriga, de la conspiración, de un complicado juego en el que se burlan de todo el mundo. Pueden tener talento, actuar un papel casi indescifrable. Tal parece haber sido Malinovsky. La literatura rusa que siguió a la derrota de 1905 nos ofrece muchos casos psicológicos de una perversión semejante. El revolucionario ilegal -sobre todo el terrorista adquiere un temple de carácter, una voluntad, un valor, un amor al peligro terribles. Si entonces, al influjo de pequeñas experiencias personales -fracasos, decepciones, extravíos intelectuales- o por la derrota temporal del movimiento, llega a perder su idealismo, ¿en qué puede convertirse? Si de verdad es fuerte, escapará a la neurastenia y al suicidio; pero también es muy probable que se convierta en un aventurero sin fe, al que todos los medios le parecerán buenos para lograr sus fines personales. Y la provocación es un medio que, de proponérsele, seguramente lo tentará.
Todos los movimientos de masas que abarcan millares y millares de hombres arrastran escorias semejantes. No debe asombrarnos. La acción de semejantes parásitos no tiene sino un ínfimo poder sobre el vigor y la salud moral del proletariado. Creemos que, cuanto más el movimiento revolucionario sea proletario, es decir, netamente, enérgicamente comunista, menos le serán peligrosos los agentes provocadores. Existirán probablemente mientras haya lucha social. Pero son individualidades a las que el hábito del trabajo y del pensamiento colectivo, de la disciplina estricta, de la acción calculada por las masas e inspira- da por una teoría científica de la situación social, ofrece escasas posibilidades de hazañas. Nada más contrario al aventurerismo pequeño o grande, en efecto, que la acción amplia, seria, profunda y metódica de un gran partido marxista revolucionario, incluso ilegal. La ilegalidad comunista no es la de los carbonari, la preparación comunista de la insurrección no es la de los blanquistas. Los carbonari y los blanquistas eran puñados de conspiradores, dirigidos por algunos idealistas inteligentes y enérgicos. Un partido comunista, incluso numéricamente débil, representa siempre, por su ideología, a la clase obrera. Encarna la conciencia de clase de centenares de miles o de millones de hombres. Su papel es inmenso, ya que es el de cerebro de un sistema nervioso, pero inseparable de las aspiraciones, de las necesidades, de la actividad del proletariado entero, de manera que los designios individuales, cuando no se ajustan a las necesidades del partido o lo que es igual, al proletariado(2) pierden mucha de su importancia.
En este sentido, el partido comunista es, entre todas las organizaciones revolucionarias que la historia ha producido hasta hoy, la menos vulnerable a los golpes de la provocación.
Algunos expedientes especiales contienen las ofertas de servicio dirigidas a la policía. He ojeado al azar un tomo de correspondencia con el extranjero, donde se puede ver sucesivamente a un súbdito danés poseedor de instrucción superior" y a un "estudiante salido de buena familia" solicitar empleo en la policía secreta de su majestad el zar de Rusia...
Las múltiples ayudas monetarias concedidas a Serova, dan fe de la atención de la policía con relación a sus servidores, incluso los retirados. La administración no ponía en la lista negra sino a los agentes sorprendidos en flagrante delito de fraude o de extorsión. Calificados como "chantajistas", e inscritos en las listas negras, perdían todo el derecho al reconocimiento del Estado.
Los otros, en cambio, podían obtener todo. Prórrogas o dispensas del servicio militar, perdones, amnistías, favores diversos tras condenas oficiales, pensiones temporales o de viaje, todo, incluso favores del mismo zar. Se vio al zar conceder a viejos provocadores nombres y apellidos nobles. El apellido y el nombre tenían, según el rito ortodoxo, valor religioso; el jefe espiritual de la iglesia rusa infringía así las leyes de la misma religión. ¡Todo era poco para gratificar a un buen soplón!
La provocación terminó convirtiéndose en toda una institución. La cifra completa de personas que a lo largo de veinte años de movimiento revolucionario rindieron servicios a la policía, puede variar entre los 35 y los 40 mil. Se estima que la mitad de ellos, más o menos, fue desenmascarada. Algunos miles de antiguos soplones y provocadores sobreviven todavía hoy impunemente en la misma Rusia, pues su identificación todavía no ha sido posible. Entre esta multitud habla hombres de valor e incluso algunos que desempeñaron un papel importante en el movimiento revolucionario.
A la cabeza del partido socialista-revolucionario y de su organización de choque, se hallaba, hacia 1909, el ingeniero Evno Azev, quien, a partir de 1890, firmaba con su nombre sus informes a la policía. Azev fue uno de los organizadores de la ejecución del gran duque Sergio, de la del ministro Plehve y de muchos otros. Era él quien dirigía, antes de enviarlos a la muerte, a héroes tales como Kaliáev y Egor Sazónov.(3)
En el Comité Central bolchevique, encabezando su fracción en la Duma, se hallaba, como vimos, el agente secreto Malinovsky.
La provocación, al alcanzar semejante amplitud, se convertía también en un peligro para el régimen que servía y sobre todo para los hombres de ese régimen. Se sabe, por ejemplo, que uno de los más altos funcionarios del Ministerio del Interior, el policía Rachkovsky, conoció y aprobó los proyectos de ejecución de Plehve y del gran duque Sergio. Stolypin,(4) perfectamente enterado de los casos, se hacia acompañar en sus salidas por el jefe de la policía Guerásimov, pues su presencia le parecía una garantía contra los atentados cometidos por instigación de los provocadores. Stolypin fue, sin embargo, muerto por el anarquista Bagrof, que había pertenecido a la policía.
La provocación, a pesar de todo, prosperaba todavía en el momento de estallar la revolución. Los agentes provocadores recibieron su última mensualidad en los días finales de febrero de 1917, una semana antes del derrumbe de la autocracia.
Revolucionarios abnegados se vieron tentados a servirse de la provocación. Petrov, socialista-revolucionario, quien dejara memorias dé un intenso dramatismo, entró a la Ojrana para combatirla mejor. Hecho prisionero y habiendo experimentado un primer rechazo por parte del director dé la policía, se finge loco para lograr ser enviado a un asilo de donde la evasión fuera posible, lográndolo, y regresa, ya libre, a ofrecer sus servicios. Pero - convencido pronto dé que había llegado demasiado lejos y de que traicionaba a su pesar, Petrov se suicida luego de haber ejecutado al coronel Kárpov (1909).
El maximalista(5) Salomón Ryss (Mortimer), organizador de un grupo terrorista extremadamente audaz (1906-07), llega a burlarse un tiempo de la Seguridad, dé la que se habla convertido en colaborador secreto. El caso de Salomón Ryss constituye una excepción digna de mencionarse, casi increíble, que no se explicaría más que por los muy particulares hábitos de la Ojrana después de la revolución de 1905. Por regla general, es imposible burlar a la policía; es imposible para un revolucionario penetrar en sus secretos. El agente secreto de más confianza no tiene relación sino con uno o dos policías, a los que nada les puede sacar, pero a los que, sin embargo, les son útiles hasta las menores palabras e incluso las mentiras que se les diga, las que son aclaradas en el mismo día.(6)
El desarrollo de la provocación, por otra parte, indujo a veces a la Ojrana a urdir complicadas intrigas en las que a menudo no pudo decir la última palabra. Fue así como, en 1907, resultó necesario para sus designios hacer evadirse al mismo Ryss. Para lograrlo, el director dé la policía no vacila en llegar incluso al crimen. Cumpliendo instrucciones, dos gendarmes organizaron la fuga del revolucionario. La encuesta judicial, torpe- - mente conducida, reveló su participación. Llevados a consejo de guerra y degradados oficialmente por sus superiores, se les condenó a trabajos - forzados.
Naturalmente, las ramificaciones de la Ojrana se extendían hasta el extranjero. Sus archivos incluían informaciones relativas a la gran cantidad de personas que vivían entonces más allá de las fronteras del Imperio y que incluso jamás habían estado en Rusia. Recién llegado a Rusia por primera vez en 1919, hallé una serie de fichas sobre mi persona. La policía rusa seguía con la mayor atención las actividades de los revolucionarios en el extranjero. Acerca del caso de los anarquistas rusos Troianovsky y Kirichek, capturados durante la guerra de París, encontré voluminosos expedientes. La reseña de los interrogatorios celebrados en el Palacio de Justicia de París, estaba completa. Por lo demás, rusos o extranjeros, los anarquistas estaban totalmente vigilados en todas las partes, a cargo dé la Ojrana, la que para aquel fin mantenía una correspondencia constante con los servicios de seguridad de Londres, Roma, Berlín, etc.
En todas las capitales importantes residía permanentemente un jefe de policía ruso. Durante la guerra, M. Krassílnikov, oficialmente consejero de la Embajada, desempeñaba este delicado puesto en París.
En el momento de estallar la revolución en Rusia, unos quince agentes provocadores trabajaban en París entre los diferentes grupos de emigrados rusos. Cuando el último embajador del último zar debió entregar la legación a un sucesor nombrado por el gobierno provisional, una comisión integrada por altos personajes de la colonia dé emigrados en París, se encargó de estudiar los papeles del señor Krassílnikov. Sin dificultad identificaron a los agentes secretos. Hallaron, entre otras sorpresas, que un miembro de la prensa francesa, patriota de buen tono, aparecía en la rue de Grenelle en calidad de soplón y espía. Se trataba del señor Raymond Recouly, redactor entonces de Le Figaro, en el que se encargaba de la política exterior. En su oculta colaboración con el señor Krassílnikov, Recouly, siguiendo los imperativos señalados a los confidentes, había trocado su nombre por el seudónimo poco literario de Ratmir. Oficio de perro, nombre de perro.
Ratmir informaba a la Ojrana sobre sus colegas de la prensa francesa. En Le Fígaro y otros lugares llevaba la política de la Ojrana. Recibía 500 francos al mes. Sus actividades son notorias. Se las halla completas, impresas, parece que desde 1918, en París, en un voluminoso informe del señor Agafonov, miembro de la comisión investigadora de los emigrados parisienses en torno a la provocación rusa en Francia. Los miembros de esta comisión - algunos de ellos deben vivir aún en París , no han olvidado, por cierto, a Ratmir-Recouly. Por otra parte, René Marchand publicó en 1924, en L'Humanité, las pruebas tomadas de archivos de la Ojrana de Petrogrado, de la actividad policial del señor Recouly. Este señor se limitó a lanzar un desmentido que nadie creyó, ni fue repelido por sus colegas.(7) Y se explica. Su caso, dada la corrupción de la prensa por los gobiernos extranjeros, es corrientísimo.
Krassílnikov también tenía a sus órdenes todo un equipo de detectives, delatores, imprecisos asalariados que se ocupaban de los trabajos menores, tales como la vigilancia de la correspondencia de los revolucionarios (gabinetes negros privados, etc.).
En 1913-14 (y no creo que hasta la revolución sufriera modificaciones importantes), la agencia secreta de la Ojrana en Francia era dirigida prácticamente por cierto Bittard-Monin, quien recibía 1000 francos mensuales. De los recibos que por honorarios firmaban sus agentes he tomado los nombres de éstos y sus lugares de residencia. Su publicación quizás no sea del todo inútil. Helos aquí:
Agentes secretos de la policía en el extranjero, situados bajo la dirección de Bittard-Monin (París): E. Invernitzi (Calvi, Córcega), Henri Durin (Génova), Sambaine (París), A. o R. Sauvard (Cannes), Vogt (Menton), Berthold (París), Fontaine (Cap Martin), Henri Neuhaus (Cap Martin), Vincení Vizardelli (Grenoble), Barthes (San Remo), Ch. Delangle (San Remo), Georges Coussonet (Cap Martin), O. Rougeaux (Menton), E. Levéque (Cap Martin), Fontana (Cap Martin), Artur Frumento (Alassis), Sustrov o Surjánov y David (París), Dussosois (Cap Martin), R. Gottlieb (Niza), Roselli (Zurich), señora G. Richard (París), Jean Abersoid (Londres), J. Bint (Cannes), -Karl Voltz (Berlín), señorita Drouchot, señora Tiercelin, señora Fagon, Jollivet, Rivet.
Tres personas tenían una pensión de la agencia rusa de París. La viuda Farse (¿o Farsa? ), la viuda Rigo (¿o Rigault?) y N. N. Chachnikov.
La presencia temporal de numerosos agentes en Cap Martin o en otras localidades de menor importancia se explica por la necesidad de chivateos. Todos estos agentes no hallaban incómodo desplazarse.
Habían logrado organizar en toda Europa un maravilloso gabinete negro privado. En Petrogrado poseemos legajos de copias de cartas cambiadas entre París y Niza, Roma y Ginebra, Berlín y Londres, etc. Toda la correspondencia de Savinkov y de Chernov en el momento en que ambos vivían en Francia, fue conservada en los archivos de la policía de Petrogado. Correspondencia entre Haase y Dan(8) también fue interceptada, como muchas otras. ¿Cómo? El conserje o el cartero, o simplemente un empleado de correos, sin duda retribuidos generosamente, retenían durante algunas horas el tiempo preciso para copiarlas las cartas dirigidas a las personas vigiladas. Las copias se hacían a menudo por personas que no conocían la lengua empleada por tos autores de las cartas; torpezas, por demás insignificantes, lo delatan. Traían también copiado- el sello de expedición y la dirección. Eran enviadas a Petrogrado con la mayor rapidez.
Naturalmente, la policía rusa en el extranjero colaboraba con las policías locales.(9) Mientras que los agentes provocadores, desconocidos de todos, hacían su papel de revolucionarios, alrededor suyo operaban los detectives de Krassílnikov, ignorados oficialmente pero en realidad alentados y ayudados. Detalles típicos muestran de qué naturaleza era la ayuda que les prestaban las autoridades francesas. El agente Francesco Leone, que había estado en relaciones con Búrtzev(10) había consentido en entregarle por dinero algunos secretos del señor Bittard-Monin. Su colega, Fontana, del que había hecho robar la fotografía, lo hiere de un bastonazo en un café cerca de la Gare de Lyon (París, 28 de junio de 1913). Detenido el agresor y habiéndosele hallado dos carnets de agente de la Seguridad francesa y un revólver, fue enviado a la comisaría bajo la cuádruple acusación de "usurpación de funciones, portación de armas prohibidas, golpes y heridas y amenazas de muerte". Veinticuatro horas después era dejado en libertad por intervención de Krassllnikov, luego de haberse desmentido oficialmente su calidad de agente de la Seguridad rusa. En cuanto al indiscreto Leone, la Embajada rusa obtuvo su expulsión de Francia. Una carta de Krassílnikov relata al director de la Seguridad todos estos incidentes y lo pone al corriente de las gestiones emprendidas para hacer expulsar a Búrtzev de Italia.
En otra carta, el mismo Krassílnikov informa a la Ojrana que una interpelación socialista sobre las maniobras de la policía rusa, en las que aparecía implicado, "no es ya de temer por parte de las autoridades francesas. Los parlamentarios socialistas tienen otras ocupaciones en estos momentos".(11)
Pero ¿y si los revolucionarios utilizaban claves en sus cartas?
Entonces la Ojrana le encargaba a un investigador genial que descifrara el mensaje. Y se me certifica que jamás falló. Este especialista excepcional, nombrado Zybin, había conquistado tal reputación de infalibilidad, que durante la revolución de marzo... se le conservó. Pasó al servicio del nuevo gobierno, que lo empleó, me parece, en contraespionaje.
Las más diversas claves, según parece, pueden ser 'descifradas. Si se emplean combinaciones geométricas o aritméticas, el cálculo de posibilidades puede ofrecer algunos indicios. Basta un punto de partida la menor clave para descifrar un mensaje. Para cartearse, algunos camaradas se servían -se me dice- de ciertos libros en los cuales habían convenido marcar ciertas páginas. Buen psicólogo, Zybin hallaba los libros y las páginas. "Las claves basadas en textos de escritores conocidos, en modelos aportados por manuales de las organizaciones revolucionarias, en la disposición vertical de nombres o divisas", no valen nada, escribe el ex policía M. E. Bakai.(12) Las claves de las organizaciones centrales son las más frecuentemente denunciadas por los provocadores o descifradas a la larga, luego de un trabajo minucioso. Bakai considera como las mejores claves de uso corriente aquellas que pueden proceder de textos impresos poco conocidos. Zybin se había hecho de una colección de gavetas y ficheros donde se podía hallar instantáneamente el nombre de todas las ciudades de Rusia donde, por ejemplo, hay cierta calle San Alejandro; el nombre de todas las ciudades donde había estas o aquellas fábricas o escuelas; los apodos y seudónimos de todas las personas sospechosas que vivían en el imperio, etc. Poseía listas alfabéticas de estudiantes, de marinos, de oficiales, etc. Hallábase en una carta, muy inocente en apariencia, estas simples palabras: "El Morenito fue esta noche a la calle Mayor", y más adelante una frase relativa a un "estudiante de medicina". Bastaba echar mano a algunas gavetas para saber si el Morenito ya había sido fichado, y en que ciudad que poseyera una facultad de medicina había una calle Mayor. Tres o cuatro indicios semejantes eran ya una posibilidad digna de considerarse.
En toda la correspondencia vigilada o incautada, las menores alusiones a determinada persona eran trasladadas a fichas, en las que ciertos números remitían al texto de las cartas. Archivos enteros estaban llenos de cartas semejantes. Tres cartas totalmente corrientes, provenientes de tres militantes dispersos en una región y que hicieran alusión incidental a un cuarto, podían delatarlo perfectamente.
Subrayémoslo: el control de la correspondencia por los gabinetes negros cuya existencia es rigurosa y tradicionalmente negada por la policía, pero sin los cuales no existiría policía, es de gran importancia. El correo de las personas conocidas o sospechosas es vigilado por principio; después, una sustracción, practicada al azar, intercepta las cartas que llevan en la cubierta "entregar a", aquellas cuyos caracteres parecen representar algo convenido, aquellas con alguna palabra que, de alguna manera, llama la atención. La apertura de cartas al azar proporciona una documentación tan útil como el control de la correspondencia de los militantes bien conocidos. Estos, en efecto, tratan de escribir con prudencia (bien que la única prudencia real, la única efectiva, es no tratar por carta asuntos relativos a la acción ni siquiera indirectamente), mientras que el común de los miembros del partido -los desconocidos- se olvida de las precauciones más elementales.
La Ojrana hacía tres copias de las cartas interesantes: una para la dirección de la censura, otra para la dirección de la Seguridad General y otra más para la dirección de la policía local. La carta llegaba a su destinatario. En ciertos casos -por ejemplo en aquellos en que se había hecho revelar químicamente una tinta simpática-- la policía guardaba el original y le hacia llegar al destinatario una copia perfectamente imitada, obra de cierto especialista que era todo un virtuoso.
Para abrir cartas se seguían procedimientos que variaban según la ingeniosidad de los funcionarios: despegar las cubiertas con vapor, despegar sellos lacrados -que en seguida eran repuestos
con una hoja de afeitar calentada, etc. Lo más corriente es que las esquinas del sobre no estén bien pegadas. Se introduce entonces por la abertura un aparato hecho de una varilla metálica, alrededor del cual se enrolla suavemente la carta, que así resulta fácil de sacar y de retornar al sobre sin abrirlo.
Las cartas interceptadas jamás eran consignadas a la justicia, a fin de no arrojar la menor luz, ni siquiera indirecta, sobre el trabajo del gabinete negro. Se las utilizaba en la confección de informes policiales.
El gabinete de cifrado no se ocupaba más que de las claves de los revolucionarios. También coleccionaba fotografías de claves diplomáticas de las grandes potencias.
Hasta ahora no hemos examinado más que los mecanismos de observación de la Seguridad rusa. Sus procedimientos son de alguna manera analíticos. Se investiga, se indaga, se registra. Se trate de una organización o de un militante, los métodos son los mismos. Al cabo de cierto tiempo --que puede ser cortísimo la Seguridad dispone de cierto tipo de datos sobre el adversario:
1) Los de la vigilancia exterior, cuyos resultados se resumen en cuadros sinópticos, esclarecen sus actividades y sus movimientos, sus hábitos, sus relaciones, su medio, etc.;
2) los de la agencia secreta o los informantes, que declaran sobre sus ideas, intenciones, trabajos, actividad clandestina;
3) lo que se puede obtener de la lectura atenta de periódicos y publicaciones revolucionarias;
4) los de su correspondencia, o de la correspondencia de terceros con él, completan el asunto.
El grado de precisión de las informaciones logradas por los agentes secretos era, naturalmente, variable. La impresión general que dan los expedientes es, sin embargo, de una exactitud muy grande, sobre todo los que se refieren a organizaciones sólidamente establecidas. Los expedientes policiales contienen información verbal muy detallada de cada reunión secreta, resúmenes de cada discurso importante, ejemplares de cada publicación clandestina, incluso multicopiados.(13)
Tenemos ya a la Seguridad en posesión de información abundante. El trabajo de observación y análisis está hecho. Según el método científico, debe seguir entonces un trabajo de clasificación y de síntesis.
Sus resultados se expresarán en gráficas. Vamos a desplegar una.
Títulos: Relaciones de Borís Savinkov. Este cuadro, de 40 cm de alto por 70 cm de largo, resume, de manera que se pueda abarcar de una ojeada, todos los datos obtenidos sobre las relaciones del terrorista.
Al centro, un rectángulo, en forma de tarjeta de visita, con su nombre escrito a mano. De este rectángulo irradian líneas que lo ligan a pequeños círculos de color. Por lo regular, éstos son a su vez centros de donde parten otras líneas que los ligan a otros círculos. Así sucesivamente. Las relaciones, incluso indirectas, de un hombre, pueden de este modo ser captadas sobre la marcha, cualquiera que sea el nombre de los intermediarios, conscientes o no, que los relacionan con una persona dada. En el cuadro de relaciones de Savinkov, los círculos rojos que representan sus relaciones de "lucha", se dividen en tres grupos de nueve, ocho y seis personas, todos consignados con sus nombres y apellidos. Los círculos verdes representan a personas con las cuales tuvo o tiene relaciones directas, políticas o de otro tipo: aparecen 37; los círculos amarillos representan parientes (son 9); los círculos cafés indican a personas relacionadas con sus amigos y conocidos... Todo esto en Petrogrado. Otros signos representan sus relaciones en Kiev. Leamos, por ejemplo: B. S. conocía a Varvara Eduárdovna Varsovskaya, quien conocía a su vez 12 personas en Petrogrado (nombres, apellidos, etc.) y 5 en Kiev. Bien puede ser que B. S. no supiera nada de estas 12 y de estas 5 personas. ¡ Pero la policía conocía mejor que él mismo a qué ovillos llevaban sus hilos!
¿Se trata de una organización? Tomemos una serie de cuadros de estudio, evidentemente reseñas, de una organización socialista-revolucionaria del gobierno de Vilna. Los círculos rojos forman, aquí y allá, especies de constelaciones: entre ellos, las líneas se entrecruzan extrañamente. Descifremos: Vilna. Un circulo rojo: Ivanov, alias El hielo, calle, número, profesión. Una flecha lo refiere a Pável (iguales datos). Y algunas flechas nos indican que el 23 de febrero (de 16 a 17 hs.), el 27 (a las 21 hs.) y el 28 (a las 16 hs.) Ivanov visitó a Pável. Otra flecha lo refiere a Marfa, que lo visitó el 27 al mediodía. Así sucesivamente, estas líneas se confunden como los pasos en la calle. Este cuadro permite seguir, hora por hora, la actividad de una organización.
__________________________ NOTAS
1. Los socialistas-revolucionarios de la buena época del partido tuvieron a Azev, cuya actividad fue quizás más amplia y singular aún que en los tiempos de Malinovsky. Consultar al respecto el libro de Jean Longet, Terroristes et policiers.
2. Por el contrario, las iniciativas individuales o colectivas acordes con las necesidades y las aspiraciones del partido -es decir, del proletariado- adquieren en ello su máxima eficacia.
3. I. Kaliáev ejecutó, por orden del partido socialista_revolucionario, al gran duque Sergio (Moscú, 1905), y fue ahorcado. Egor Sazónov ejecuto asimismo, el mismo año, en San Petersburgo, al presidente del consejo Plehve. Condenado a muerte, perdonado, enviado a, trabajos forzados, amnistiado, se suicidó en el penal de Akatuí, pocos meses antes de concluir su condena, para protestar por el maltrato que recibían sus compañeros detenidos. Estos dos hombres de gran belleza moral, dejaron en Rusia un profundo recuerdo.
4. Stolypin, jefe del gobierno del zar en el período de reacción implacable que siguió a la revolución de 1905, se dedicó a consolidar el régimen por medio de una represión sistemática y de reformas agrarias.
5. Poco numerosos, los maximalistas, disidentes del partido socialista-revolucionario, a los cuales reprochaban la corrupción de sus jefes y una ideología oportunista, fueron principalmente, aunque con teorías tan radicales como fantasiosas, terroristas intrépidos. Aún existe un puñado, enredado con los socialistas-revolucionarios de izquierda.
6. Salomón Ryss pagaría cara su audacia. Arrestado en el sur de Rusia, luego de algunas acciones arriesgadas, tuvo que defenderse, frente a los jueces, de la terrible sospecha de sus compañeros de lucha, rechazó "reemprender el servicio" en la Ojrana, y, condenado a muerte, murió como revolucionario.
7. El señor Raymond Recouly destila todavía en los periódicos burgueses su esclarecido patriotismo... El dinero no tiene olor.
8. Haase, líder de la socialdemocracia alemana, muerto en 1919 por un loco; Dan, menchevique ruso.
9. La colaboración estrecha es casi la regla entre las policías de los Estados capitalistas, de suerte que en cierto sentido se- podría hablar de policía internacional. En relación a los inicios de la colaboración entre la Ojrana zarista y la Seguridad de la III República francesa, se hallarán curiosas y detalladas páginas en un viejo libro de Ernest Daudet, Histoire diplomatique de l'alliance franco-russe, 1894. Ahí se verá cómo los señores Freyssinet, Ribot, Constant, entonces ministros, conciertan con el embajador de Rusia, Morenheim, la detención de un grupo de nihilistas, organizado, por lo demás, por el soplón Landesen (quien, más tarde, bajo el nombre de Harting, hizo carrera diplomática en Francia, recibiendo la Legión de Honor). Otro libro, no menos olvidado, L'alliance franco-russe, de Jules Hansen, confirma esta versión. Finalmente el antiguo jefe de la Seguridad, Goron, relata en sus memorias que el prefecto de París pidió al jefe de la policía rusa en París (Rachkovsky) la colaboración de sus agentes para el control de ciertos emigrados (citado por V. Búrtzev). Anotemos estas confesiones, a pesar de su vejez: están firmadas por hombres de los cuales no cabe la sospecha de querer calumniar al gobierno francés. Refirámonos a hechos mucho más recientes que, desgraciadamente, no tuvieron la resonancia que debieran ni aun en la prensa obrera. En febrero de 1922, Nicolau Fort, uno de los presuntos asesinos del ministro español Dato, y de su compañera Joaquina Concepción, fue entregado por la policía alemana a la policía española, por intermedio de la policía francesa. El traslado de los extraditados se realiza en el mayor de los secretos. El gobierno español pagó a la policía berlinesa una cuantiosa suma. En 1925, durante el gobierno Henriot, la gendarmería y la policía francesas rechazaban en diversas oportunidades, en la frontera de los Pirineos, a los obreros españoles acorralados por la policía de Primo de Rivera.
10. Publicista, liberal, Vladímir Búrtzev se consagró a la historia del movimiento revolucionario y a la lucha contra la provocación policial. Desenmascaró a los provocadores Azev, Harting-Landesen, y a muchos otros. Preconizó el terrorismo individual contra el antiguo régimen. Tras la caída del zarismo, evolucionó rápidamente, como la mayoría de los socialistas-revolucionarios, sus compañeros de lucha, hacia la contrarrevolución. Amigo y colaborador de G. Hervé, partidario de la intervención en Rusia, se convertirá en agente de propaganda de Denikin, Kolchak, Wrangel, en París.
11. Toda la correspondencia de este personaje y de sus jefes es altamente edificante. Vemos al director de la Seguridad de Petersburgo asegurarle al señor Krassílnikov que las autoridades rusas desmentirán en todas las circunstancias su papel la policía rusa; vemos a este extraño consejero diplomático título oficial--- maquinar, para burlar las encuestas de Búrtzev, una intriga prodigiosamente complicada. Un ex agente de la Seguridad rusa en el extranjero, Jollivet, entra en relación con Búrtzev, le hace revelaciones y se encarga de vigilar a una persona sospechosa de provocación, pero en realidad vigila al propio Búrtzev, del que informa a la Ojrana. ¡Soplonería y traición en tercer grado! Un laberinto.
12. Byloé, Le passé, París, 1908.
13. El expediente de vigilancia de las organizaciones socialdemócratas, solamente para el año 1912, constaba de 250 gruesos volúmenes.
VII. Un espectro. Una página de historia
VIII. Malinovsky
IX. La mentalidad del provocador, la provocación y el partido comunista
X. La provocación, arma de dos filos
XI. Los soplones rusos en el extranjero.
El señor Raymond Recouly
XII. Los gabinetes negros y la policía internacional
XIII.Los criptogramas.
De nuevo
el gabinete negro
XIV. Síntesis informativa.
El método de las gráficas
| << Lea la Introduccón | Lea el Subcapitulo XV >> |